?

Log in

Jonathan Harker
15 October 2006 @ 12:59 pm
15 de octubre, en Varna. Salimos de Charing Cross por la mañana del día doce, llegamos a París durante la misma noche y ocupamos las plazas que habíamos reservado en el Orient Express. Viajamos día y noche y llegamos aquí aproximadamente a las cinco. Lord Godalming fue al consulado, para ver si le había llegado algún telegrama, mientras el resto de nosotros vinimos a este hotel..., "el Odessus". El viaje pudo haber resultado atractivo; sin embargo, estaba demasiado ansioso para preocuparme de ello.

Hasta el momento en que el Czarina Catherine llegue al puerto no habrá nada en todo el mundo que me interese en absoluto. ¡Gracias a Dios!, Mina está bien y parece estar recuperando sus fuerzas; está recuperando otra vez el color. Duerme mucho. Durante el día, duerme casi todo el tiempo. Sin embargo, antes de la salida y de la puesta del sol, se encuentra muy despierta y alerta, y se ha convertido en una costumbre para van Helsing hipnotizarla en esos momentos. Al principio, era preciso cierto esfuerzo y necesitaba hacer muchos pases, pero ahora, ella parece responder en seguida, como por costumbre, y apenas si se necesita alguna acción. El profesor parece tener poder en esos momentos particulares; le basta con quererlo, y los pensamientos de mi esposa le obedecen.
Siempre le pregunta qué puede ver y oír. A la primera pregunta, Mina responde:

-Nada; todo está oscuro.

Y a la segunda:

-Oigo las olas que se estrellan contra los costados del navío y el ruido característico del agua. Las velas y las cuerdas se tensan y los mástiles y planchas crujen. El viento es fuerte... Lo oigo sobre la cubierta, y la espuma que levanta la popa cae sobre el puente.

Es evidente que el Czarina Catherine se encuentra todavía en el mar, apresurándose a recorrer la distancia que lo separa de Varna. Lord Godalming acaba de regresar. Tiene cuatro telegramas, uno para cada uno de los cuatro días transcurridos y todos para el mismo efecto: el de asegurarse de que el Czarina Catherine no le había sido señalado al Lloyd's de ninguna parte. Había tomado disposiciones para que el agente le enviara un telegrama diario, indicándole si el navío había sido señalado. Tenía que recibir un mensaje cada día, incluso en el caso de que no hubiera noticia alguna del barco, para que pudiera estar seguro de que montaban la guardia realmente al otro lado de la línea telegráfica.

Cenamos y nos acostamos temprano. Mañana iremos a ver al vicecónsul, para llegar a un acuerdo, si es posible, con el fin de subir a bordo del barco en cuanto llegue al muelle. Van Helsing dice que nuestra mejor oportunidad consiste en llegar al barco entre el amanecer y la puesta del sol. El conde, aunque tome la forma de murciélago, no puede cruzar el agua por su propia voluntad y, por consiguiente, no puede abandonar el barco. Como no puede adoptar la forma humana sin levantar sospechas, lo cual no debe ir muy de acuerdo con sus deseos, permanecerá encerrado en la caja. Si podemos entonces subir a bordo después de la salida del sol, estará completamente a nuestra merced, puesto que podremos abrir la caja y asegurarnos de él, como lo hicimos con la pobre Lucy, antes de que despierte. La piedad que pueda despertar en algunos de nosotros o en todos, no debe tomarse en cuenta. No creemos que vayamos a tener muchas dificultades con los funcionarios públicos o los marinos. ¡Gracias a Dios! Este es un país en el que es posible utilizar el soborno y todos nosotros disponemos de dinero en abundancia. Solamente debemos ver que el barco no pueda entrar en el puerto entre la puesta del sol y el amanecer, sin que nos adviertan de ello y, así, estaremos sobre seguro. El juez Bolsa de Dinero resolverá este caso, creo yo.
 
 
Jonathan Harker
06 October 2006 @ 08:08 am
6 de octubre, por la mañana. Otra sorpresa. Mina me despertó temprano, casi a la misma hora que el día anterior, y me pidió que le llevara al doctor van Helsing. Pensé que se trataba de otra ocasión para el hipnotismo y, sin vacilaciones, fui en busca del profesor. Evidentemente, había estado esperando una llamada semejante, ya que lo encontré en su habitación completamente vestido. Tenía la puerta entreabierta, como para poder oír el ruido producido por la puerta de nuestra habitación al abrirse. Me acompañó inmediatamente; al entrar en la habitación, le preguntó a Mina si deseaba que los demás estuvieran también presentes.

-No -dijo con toda simplicidad-; no será necesario. Puede usted decírselo más tarde. Deseo ir con ustedes en su viaje.

El doctor van Helsing estaba tan asombrado como yo mismo.Collapse )
 
 
Jonathan Harker
05 October 2006 @ 07:37 pm
Más tarde, a la medianoche. Mina se ha mostrado alegre y animada durante toda la tarde. Tanto, que todos los demás parecieron animarse a su vez, como dejándose contagiar por su alegría; como consecuencia de ello, yo también me sentí como si el peso tremendo que pesa sobre todos nosotros se hubiera aligerado un poco. Todos nos retiramos temprano a nuestras habitaciones. Mina está durmiendo ahora como un bebé; es maravilloso que le quede todavía la facultad de dormir, en medio de su terrible problema. Doy gracias a Dios por ello, ya que, de ese modo, al menos podrá olvidarse ella de su dolor. Es posible que su ejemplo me afecte, como lo hizo su alegría de esta tarde. Voy a intentarlo. ¡Qué sea un sueño sin pesadillas!
 
 
Jonathan Harker
05 October 2006 @ 07:30 pm
Más tarde. ¡Qué extraño es todo! Estuve observando el rostro de Mina, que reflejaba tanta felicidad, y estuve tan cerca de sentirme yo mismo feliz un momento, como nunca hubiera creído que fuera posible otra vez. Conforme avanzó la tarde y la tierra comenzó a cubrirse de sombras proyectadas por los objetos a los que iluminaba la luz del sol que comenzaba a estar cada vez más bajo, el silencio de la habitación comenzó a parecerme cada vez más solemne. De repente, Mina abrió los ojos y, mirándome con ternura, me dijo:

-Jonathan, deseo que me prometas algo, dándome tu palabra de honor. Será una promesa que me harás a mí, pero de manera sagrada, teniendo a Dios como testigo, y que no deberás romper, aunque me arrodille ante ti y te implore con lágrimas en los ojos. Rápido; debes hacerme esa promesa inmediatamente.

-Mina -le dije-, no puedo hacerte una promesa de ese tipo inmediatamente. Es posible que no tenga derecho a hacértela.

-Pero, querido -dijo con una tal intensidad espiritual que sus ojos refulgían como si fueran dos estrellas polares-, soy yo quien lo desea, y no por mí misma. Puedes preguntarle al doctor van Helsing si no tengo razón; si no está de acuerdo, podrás hacer lo que mejor te parezca. Además, si están todos de acuerdo, quedarás absuelto de tu promesa.

-¡Te lo prometo! -le dije; durante un momento, pareció sentirse extraordinariamente feliz, aunque en mi opinión, toda felicidad le estaba vedada, a causa de la cicatriz que tenía en la frente.

-Prométeme que no me dirás nada sobre los planes que hagan para su campaña en contra del conde -me dijo-. Ni de palabra, ni por medio de inferencias ni implicaciones, en tanto conserve esto.

Y señaló solemnemente la cicatriz de su frente. Vi que estaba hablando en serio y le dije solemnemente también:

-¡Te lo prometo!

Y en cuanto pronuncié esas palabras comprendí que acababa de cerrarse una puerta entre nosotros.
 
 
Jonathan Harker
05 October 2006 @ 07:29 pm
5 de Octubre, por la tarde. Durante un buen rato, después de nuestra reunión de esta mañana, no pude reflexionar. Las nuevas fases de los asuntos me dejaron la mente en un estado tal, que me era imposible pensar con claridad. La determinación de Mina de no tomar parte activa en la discusión me tenía preocupado y, como no me era posible discutir de eso con ella, solamente podía tratar de adivinar. Todavía estoy tan lejos como al principio de haber hallado la solución a esa incógnita. Asimismo, el modo en que los demás recibieron esa determinación, me asombró; la última vez que hablamos de todo ello, acordamos que ya no deberíamos ocultarnos nada en absoluto unos a otros. Mina está dormida ahora, calmada y tranquila como una niñita. Sus labios están entreabiertos y su rostro sonríe de felicidad. ¡Gracias a Dios, incluso ella puede gozar aún de momentos similares!
 
 
 
Jonathan Harker
04 October 2006 @ 05:48 pm
4 de octubre. Cuando le leí a Mina el mensaje que me dejó van Helsing en el fonógrafo, mi pobre esposa se animó considerablemente. La certidumbre de que el conde había salido del país le proporcionó consuelo ya, y el consuelo es la fortaleza para ella. Por mi parte, ahora que ese terrible peligro no se encuentra ya cara a cara con nosotros, me resulta casi imposible creer en él. Incluso mis propias experiencias terribles en el castillo de Drácula parecen ser como una pesadilla que se hubiese presentado hace mucho tiempo y que estuviera casi completamente olvidada, aquí, en medio del aire fresco del otoño y bajo la luz brillante del sol...

Sin embargo, ¡ay!, ¿cómo voy a poder olvidarlo? Entre las nieblas de mi imaginación, mi pensamiento se detiene en la roja cicatriz que mi adorada y atribulada esposa tiene en la frente blanca. Mientras esa cicatriz permanezca en su frente, no es posible dejar de creer. Mina y yo tememos permanecer inactivos, de modo que hemos vuelto a revisar varias veces todos los diarios. En cierto modo, aunque la realidad parece ser cada vez más abrumadora, el dolor y el miedo parecen haber disminuido. En todo ello se manifiesta, en cierto modo, una intención directriz, que resulta casi reconfortante. Mina dice que quizá seamos instrumentos de un buen final. ¡Puede ser!

Debo tratar de pensar como ella. Todavía no hemos hablado nunca sobre lo futuro. Será mejor esperar a ver al profesor y a todos los demás, después de su investigación.

El día ha pasado mucho más rápidamente de lo que hubiera creído que podría volver a pasar para mí. Ya son las tres de la tarde.
 
 
Jonathan Harker
04 October 2006 @ 01:24 pm
4 de octubre, por la mañana. Mina me despertó otra vez en el transcurso de la noche. Esta vez, habíamos dormido bien los dos, ya que las luces del amanecer iluminaban ya las ventanas débilmente, y la lamparita de gas era como un punto, más que como un disco de luz.

-Vete a buscar al profesor -me dijo apresuradamente-. Quiero verlo enseguida.

-¿Por qué? -le pregunté.

Tengo una ideaCollapse )
 
 
Jonathan Harker
04 October 2006 @ 01:24 pm
3-4 de octubre, cerca de la medianoche. Creí que el día de ayer no iba a terminar nunca. Tenía el deseo de dormirme, con la esperanza de que al despertar descubriría que las cosas habían cambiado y que todos los cambios serían en adelante para mejor. Antes de separarnos, discutimos sobre cuál debería ser nuestro siguiente paso, pero no pudimos llegar a ningún resultado. Lo único que sabíamos era que quedaba todavía una caja de tierra y que solamente el conde sabía dónde se encontraba. Si desea permanecer escondido, puede confundirnos durante años enteros y, mientras tanto, el pensamiento es demasiado horrible; no puedo permitirme pensar en ello en este momento. Lo que si sé es que si alguna vez ha existido una mujer absolutamente perfecta, esa es mi adorada y herida esposa. La amo mil veces más por su dulce piedad de anoche; una piedad que hizo que incluso el odio que le tengo al monstruo pareciera despreciable. Estoy seguro de que Dios no permitirá que el mundo se empobrezca por la pérdida de una criatura semejante. Esa es una esperanza para mí. Nos estamos dirigiendo todos hacia los escollos, y la esperanza es la única ancla que me queda. Gracias a Dios, Mina está dormida y no tiene pesadillas. Temo pensar en cuáles podrían ser sus pesadillas, con recuerdos tan terribles que pueden provocarlas. No ha estado tan tranquila, por cuanto he podido ver, desde la puesta del sol. Luego, durante un momento, se extendió en su rostro una calma tal, que era como la primavera después de las tormentas de marzo.

Pensé en ese momento que debía tratarse del reflejo de la puesta del sol en su rostro, pero, en cierto modo, ahora sé que se trataba de algo mucho más profundo. No tengo sueño yo mismo, aunque estoy cansado... Terriblemente cansado. Sin embargo, debo tratar de conciliar el sueño, ya que tengo que pensar en mañana, y en que no podrá haber descanso para mí hasta que...



Más tarde. Debo haberme quedado dormido, puesto que me ha despertado Mina, que estaba sentada en el lecho, con una expresión llena de asombro en el rostro. Podía ver claramente, debido a que no habíamos dejado la habitación a oscuras; Mina me había puesto la mano sobre la boca y me susurró al oído:

-¡Chist! ¡Hay alguien en el pasillo!

Me levanté cautelosamente y, cruzando la habitación, abrí la puerta sin hacer ruido.

Cruzado ante el umbral, tendido en un colchón, estaba el señor Morris, completamente despierto. Levantó una mano, para imponerme silencio, y me susurró:

-¡Silencio! Vuelva a acostarse; no pasa nada. Uno de nosotros va a permanecer aquí durante toda la noche. ¡No queremos correr ningún riesgo!

Su expresión y su gesto impedían toda discusión, de modo que volví a acostarme y le dije a Mina lo que sucedía. Ella suspiró y la sombra de una sonrisa apareció en su rostro pálido, al tiempo que me rodeaba con sus brazos y me decía suavemente:

-¡Oh, doy gracias a Dios, por todos los hombres buenos!

Dio un suspiro y volvió a acostarse de espaldas, para tratar de volver a dormirse.

Escribo esto ahora porque no tengo sueño, aunque voy a tratar también de dormirme.
 
 
Jonathan Harker
03 October 2006 @ 05:31 pm
3 de octubre. Tengo que hacer algo, si no quiero volverme loco; por eso estoy escribiendo en este diario. Son ahora las seis de la mañana, y tenemos que reunirnos en el estudio dentro de media hora, para comer algo, puesto que el doctor Seward y el profesor van Helsing están de acuerdo en que si no comemos nada no estaremos en condiciones de hacer nuestro mejor trabajo. Dios sabe que hoy necesitaremos dar lo mejor de cada uno de nosotros. Tengo que continuar escribiendo, cueste lo que cueste, ya que no puedo detenerme a pensar. Todo, los pequeños detalles tanto como los grandes, debe quedar asentado; quizá los detalles insignificantes serán los que nos sirvan más, después. Las enseñanzas, buenas o malas, no podrán habernos hecho mayor daño a Mina y a mí que el que estamos sufriendo hoy. Sin embargo, debemos tener esperanza y confianza. La pobre Mina me acaba de decir hace un momento, con las lágrimas corriéndole por sus adoradas mejillas, que es en la adversidad y la desgracia cuando debemos demostrar nuestra fe... Que debemos seguir teniendo confianza, y que Dios nos ayudará hasta el fin. ¡El fin! ¡Oh, Dios mío! ¿Qué fin...? ¡A trabajar! ¡A trabajar!

Cuando el doctor van Helsing y el doctor Seward regresaron de su visita al pobre Renfield, discutimos gravemente lo que era preciso hacer. Primeramente, el doctor Seward nos dijo que cuando él y el doctor van Helsing habían descendido a la habitación del piso inferior, habían encontrado a Renfield tendido en el suelo. Tenía el rostro todo magullado y aplastado y los huesos de la nariz rotos.

El doctor Seward le preguntó al asistente que se encontraba de servicio en el pasillo si había oído algo. El asistente le dijo que se había sentado y estaba semidormido, cuando oyó fuertes voces en la habitación del paciente y a Renfield que gritaba con fuerza varias veces: "¡Dios! ¡Dios! ¡Dios!" Después de eso, oyó el ruido de una caída y, cuando entró en la habitación, lo encontró tendido en el suelo, con el rostro contra el suelo, tal y como el doctor lo había visto. Van Helsing le preguntó si había oído "voces" o "una sola voz" y el asistente dijo que no estaba seguro de ello; que al principio le había parecido que eran dos, pero que, puesto que solamente había una persona en la habitación, tuvo que ser una sola. Podía jurarlo, si fuera necesario, que la palabra pronunciada por el paciente había sido "¡Dios!". El doctor Seward nos dijo, cuando estuvimos solos, que no deseaba entrar en detalles sobre ese asunto; era preciso tener en cuenta la posibilidad de una encuesta, y no contribuiría en nada a demostrar la verdad, puesto que nadie sería capaz de creerla. En tales circunstancias, pensaba que, de acuerdo con las declaraciones del asistente, podría extender un certificado de defunción por accidente, debido a una caída de su cama. En caso de que el forense lo exigiera, habría una encuesta que conduciría exactamente al mismo resultado.

Cuando comenzamos a discutir...Collapse )
 
 
Jonathan Harker
02 October 2006 @ 05:56 pm
2 de octubre, por la noche. Fue un día largo, emocionante, y de los que resultan una verdadera prueba. Por el primer correo he recibido la carta que me era destinada y que contenía una hoja sucia de papel, sobre el que habían escrito con un lápiz de carpintero y una mano demasiado pesada: "Sam Bloxam, Korkrans, 4, Poters Cort, Bartel Street, Walworth. Pregunte por el algacil." Recibí la carta en la cama y me levanté, sin despertar a Mina...Collapse )